18 diciembre 2013

Problemas y bizcochos

Hoy era un día especial para los mediadores que participaron conmigo en divulgar este método con los alumnos de 3º de ESO, habíamos propuesto llevar un regalo y repartirlo, tipo amigo invisible pero en plan rápido.
Cuando me acerco al aula de convivencia, veo un revuelo extraño, sospecho que ha habido algún problemilla. Junto al aula están el despacho del director y jefatura de estudios por eso tenemos dos bancos de madera que relajan algunas esperas. Hoy estaban llenos, chicos y chicas alterados, unos asustados, otros llorosos, otros enfadados, sentados, de pie, paseando, apoyados en una columna o en la pared,... todos alborotados y preocupados. Mis mediadores esperaban con cara de circunstancias, miro por la ventana de cristal si hay alguien en mi aula (el aula de convivencia es un poco mía, al menos yo la siento así) y veo una muchacha llorando desconsolada. Respiro hondo, miro a mis chicos y les pido un minuto, sé que no es fácil quedarse en medio de esos "procelosos mares", pero tengo que hablar con ella primero.
M.E.: "¿Qué ha pasado Rosa?"
Rosa: "No valgo para estudiar, no valgo para nada". Lo ha dicho entre sollozos, me ha costado entenderla, además tiene la cabeza apoyada entre los brazos y no le veía la cara.
M.E.: "Venga mujer, que has tenido muchos problemas y hemos encontrado soluciones."
Rosa: "Que no, que esta vez la he hecho muy gorda, muy gorda, que me van a expulsar muchos días".
Estoy sorprendida, no la he visto así de preocupada jamás, le ofrezco un pañuelo de papel, saco el paquete del bolsillo y mientras cojo uno le digo: "te lo voy a dar sin usar, ¿supongo que lo prefieres así?". Es una broma que suelo hacerles y les saco una sonrisa, pero hoy no, no lo he conseguido.
M.E.: "¿Te acuerdas del año pasado?, conseguimos solucionar muchos problemas".
Rosa: que sigue llorando a moco tendido, "esta vez no".
Le doy un beso en la frente y le invito a que se desahogue, que llore un poquito y luego hablamos. También le pido permiso para que deje entrar a mis mediadores, vuelve a colocar la cabeza entre los brazos y me dice que si.
Sentía que la situación era bastante surrealista, una niña llorando y esperando a pasar por jefatura, los otros fuera alterados, yo repartiendo regalos a mis mediadores, ... nada cuadraba. Como algunos mediadores son alumnos del grupo en el que había sucedido ese "algo" que alteraba tanto, les he preguntado y me han contado que algunos chicos han estado tomando el pelo a Rosa, que le han cantado una canción en otro idioma, que le han quitado un muñeco y que al final ella se ha alterado tanto que le ha tirado una silla a uno de ellos (por suerte no le ha dado) y ha roto una mesa. 
Tras recuperarme de la impresión he decidido que había que repartir los regalos, luego ya vería qué podía hacer. He tenido mucha suerte, me ha tocado un portalápices chulísimo y a Luis le han tocado bombones que ha compartido con todos nosotros. Nos hemos sentido bien, nos hemos reído un poco y les he mandado al recreo para poder ocuparme un poco del lío. 
En realidad solo quería conocer qué sucedió, todos los chicos pertenecen a un grupo que en este curso nos está dando problemas, hemos hecho algunas intervenciones pero no acabamos de ver el cambio que deseamos. Ayer mismo comentaba con el tutor la necesidad de incluir alguna sanción disciplinaria para que no piensen que hagan lo que hagan no pasa nada, hay límites que no pueden ni deben sobrepasar. Casi fue una conversación premonitoria.
Vuelvo a hablar con Rosa y acabamos coincidiendo en que se meten mucho con ella, la provocan con frecuencia porque saben que no controla sus impulsos. Rosa tiene mucha energía, pero no la controla, ni su energía, ni sus emociones, y debe empezar a hacerlo para poder convivir mejor y no pasarse todo el día con grescas.
Se acerca el director y me comenta que uno de los chicos implicados es uno de mis mediadores. Lo sé y después de hablar con Rosa lo paso al aula. Andrés es muy inquieto, hablador, simpático, lleno de iniciativa, pero se mete en líos que debería eludir. Su afán de estar en medio de todo le lleva a equivocarse de lugar y de momento en más de una ocasión. Me cuenta entre suspiros lo sucedido, bueno, su versión de lo sucedido. Una versión matizada por el susto, la incapacidad de aceptar las consecuencias y un tremendo bloqueo emocional que le provoca lagunas. No tiene mucho sentido reprenderle, prefiero hacerle ver que algo no estuvo bien, lo reconoce, está arrepentido, vuelve a clase tras calmarse un poco. Mañana lo buscaré, tengo dudas, pero si supera bien esta prueba en próximo curso puede ser un gran mediador, aprender de las propias experiencias enriquece mucho.
Queda otro muchacho en el banco, le pregunto y me cuenta que él empezó todo porque sacó un peluche de la mochila de Rosa y lo empezó a tirar por ahí, ella gritó, se rieron y lo siguieron lanzando, le dieron patadas, salió al pasillo,... Pero que luego no participó en lo de la canción. 
M.E.: "¿Te das cuenta de que tú empezaste todo este lío?".
Justifica, echa balones fuera, todo menos decir "sí, lo empecé y lo siento". Puedo entender que se les vaya de las manos, pero que no reconozcan su parte de responsabilidad... Está muy cerrado en su postura, lo conozco bien, es tozudo y no dará su brazo a torcer; se aferrará a su postura y se enfadará con el mundo si insisto así que también lo dejo estar.
Algunos problemas son como los bizcochos, nada más salir del horno están muy altos, necesitan un poco de reposo para bajar y poder comerlos. Veremos qué pasa mañana.

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